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Audioguía de Requena. Valencia - français

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Audioguía de Requena. Valencia - français

1) FORTALEZA DE REQUENA

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La Fortaleza de Requena es un castillo de origen musulmán en el que, a lo largo de los siglos ha sufrido diversas restauraciones y adaptaciones. Las intervenciones de diferentes épocas se dejan notar en sus muros de tapial, mampostería, sillería y ladrillo. Las restauraciones continuaron hasta el siglo XVII y volvieron a reanudarse con motivo de las guerras carlistas.
Está situada en el espacio más elevado del montículo tobáceo, en el que se construyó, sobre asentamientos iberos y romanos anteriores, el llamado barrio de La Villa en la Edad Media.
La importancia de la fortaleza de Requena radica en que esta población fue fronteriza durante siglos. En época de las taifas musulmanas perteneció al reino de Valencia, en la raya con el reino musulmán de Toledo. En 1239, ya en época cristiana, fue incluida en el Reino de Castilla por la intervención del Obispo de Cuenca, D. Gonzalo Ibáñez, para el rey castellano Fernando III, satisfaciendo una antigua ambición del clero castellano de adhesionarse Requena
Cuando perdió su misión defensiva la fortaleza y todo el recinto amurallado de La Villa con sus torreones, a finales del siglo XVII y principios del XVIII, se construyen casas adosadas a sus muros y torres, quedando enmascarada la envergadura del castillo y de la cerca de murallas.
Ya a mediados del siglo XVI su foso estaba en parte aterrado y sin uso. En el siglo XVIII se construye una manzana de viviendas en lo que fue el foso, formándose la actual calle de la fortaleza, que desemboca en una pequeña plaza. en la que destaca un viejo árbol con su tronco carcomido. Su nombre común es morera de papel.
El abandono progresivo de la fortaleza supuso su deterioro, pero no dejó de tener otros usos no defensivos. En 1802 se derribaron los muros recayentes al arrabal, por su mal estado, y todo lo que quedaba de espacios edificados en el interior, con el fin de adaptarlo a plaza de toros y a otros espectáculos. Después servirá como frontón de juego de pelota y finalmente, los propietarios de las casas pegadas a la peña en el arrabal hicieron uso particular de este espacio interior de la vieja fortaleza.
La potente torre del homenaje del siglo XV se convirtió en cárcel del Partido Judicial en el siglo XIX, o quizás antes, hasta 1955 en que se restauró para dedicarla a museo y se le volvió a coronar con almenas como tuvo en su origen.
Entre finales del siglo XX y el inicio del XXI se realiza la restauración de la robusta muralla de la puerta principal, derribando todas las casas adosadas a tales muros y a los dos torreones de planta cuadrada que flanquean dicha puerta.
Queda así a la vista la envergadura de la construcción, con 10 metros de altura y 3 de grosor en los muros, sobresaliendo en altura y espesor los dos torreones citados. En el torreón de la derecha, mirando desde el exterior, y en su esquina izquierda destaca el aprovechamiento, como sillar, de una lápida romana.
De esta manera el interior ha quedado diáfano y sin ninguna construcción, convirtiéndose todo en patio de armas, aprovechado actualmente para espectáculos en las tardes y noches de verano.
El detalle ornamental más destacado de la Torre del Homenaje es la maroma tallada en piedra con nudos en las esquinas. La leyenda dice que al que la labró le sacaron los ojos para que no hiciera otra igual.

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2) LA PLAZA DEL CASTILLO

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Llegamos a la plaza del Castillo, amplia y con casas de aspecto dieciochesco que poco nos hablan del barrio medieval que después nos encontraremos en el resto de La Villa.
Las viviendas que están situadas al Norte son las que se edificaron a principios del siglo XVIII en el espacio que ocupaba parte del foso de la fortaleza. De esta manera, la llamada hoy plaza del Castillo, quedó con espacio más reducido al original sin que se aprecie que se trata de la antigua plaza de armas del antiguo castillo.
Habríamos de imaginarnos esta plaza sin esas casas y en su lugar el foso para impedir llegar a los muros de la fortaleza y a su puerta, si no fuera por el puente levadizo que existía, flanqueado por dos torres redondas conocidas por los cubillos, de las que aún quedan restos en casas de la calle de la fortaleza.
La plaza del castillo era la plaza de armas que solía preceder a un castillo urbano y que comunicaba con el resto de la población por una sola calle de poca anchura, que es la actual calle del Castillo, la cual nos lleva a la vieja villa o medina musulmana. Esto suponía que la población civil quedaba separada de las autoridades militares, a cuya cabeza se encontraba el alcaide que era la máxima autoridad en la defensa de la fortaleza y de la propia villa.
En 1999, antes de pavimentar la plaza del Castillo, se llevaron a cabo las preceptivas excavaciones de su subsuelo, apareciendo restos de construcciones antiguas y materiales correspondientes a la Edad del Hierro o antiguo ibérico, lo que demuestra que la fortificación y el asentamiento de una población musulmana en el siglo IX se realizó sobre los restos de poblados protohistóricos.
En una casa de esta plaza perduraron, hasta los años 80 del siglo XX, dos telares antiguos de tejedores de lana conocidos por el apodo de los Pilos.

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3) MUSEO DEL ARTE MAYOR DE LA SEDA Y CASAS DE ARTESANOS EN LA PLAZA DEL POZO

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Si desde la plaza del Castillo nos dirigimos hacia la propia villa o antigua medina, por la calle del Castillo, encontramos, a mano derecha, una calle que se ensancha en plazuela y acaba en azucaque sin salida, resto del trazado musulmán. Estamos en la popularmente llamada plaza del Pozo, en donde, actualmente, se encuentra el Museo de la Seda, en recuerdo de la importancia que tuvo la manufactura de seda en Requena desde el siglo XVII, con su auge en el XVIII y su decadencia en la segunda mitad del XIX.
En 1725 tuvo lugar la aprobación real de las primeras ordenanzas del Gremio del Arte Mayor de la Seda. Este gremio tuvo gran importancia económica, poseyendo un edificio propio como sede. La última casa que fue propiedad del Arte Mayor de la Seda en Requena se levanta en la plaza del Pozo como reza en un azulejo en el que se lee: “Casa del Arte Mayor de la Seda de esta ciudad”. Sobre este azulejo aparece incrustado en la fachada un panel dieciochesco de azulejos valencianos con la imagen de su patrón san Jerónimo.
Al desaparecer el gremio a finales del XIX, esta casa fue vendida y reutilizada como vivienda. En ella se ha instalado el Museo de la Seda por los actuales dueños. Las dependencias convertidas en vivienda se han respetado y se han decorado con mobiliario y elementos decorativos del siglo XIX y principios del XX, y en la planta superior que, en Requena y su término, llamamos terrado, se ha instalado el verdadero museo con piezas que de la artesanía sedera de la ciudad han perdurado. Se acompaña esta colección con audiovisuales que ilustran la tradicional manufactura de tejidos de seda, a la que tantos requenenses se dedicaron durante más de dos siglos.
El encanto de esta plaza sin salida, además del museo, es que conserva viviendas de artesanos y labradores que constan de una planta baja con zaguán, cuadra y gorrineras, la primera planta dedicada a la cocina comedor con su hogar y su trascocina para cocinar, en la segunda planta la sala con alcobas y en la tercera el llamado terrado, conocido como cámara en otras poblaciones de la comarca, que servía para guardar el grano y otros frutos e incluso tenía un hogar con chimenea para realizar los arreglos de la matanza.

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4) EL VINO EN REQUENA

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En los campos de Requena se ha hecho vino desde hace más de 2000 años. Hay restos de vajilla, estructuras como el lagar de las Pilillas, e incluso pepitas de uva, que nos cuentan que los iberos producían y bebían vino en la zona desde el siglo VII a.C, y así ha sido de manera continuada hasta nuestros días.
En 1265 el rey Alfonso X el Sabio otorga sus propios fueros a Requena en los que se mencionan a los “binaderos” o guardianes de la viña y se prohíbe expresamente “la importación de vino forastero”. En 1651 se hace un “aforo” de los viñedos, es decir, un inventario de las fincas con los datos de su propietario y su tamaño medido en peonadas, que se corresponde con la porción de terreno que podía cavar un hombre en un día y que incluía 110 vides. De algún modo, el reparto de antaño aún condiciona la parcelación actual. No había entonces grandes propiedades, teniendo en cuenta que 320 viticultores concentraban 214 hectáreas de terreno.
Hasta el siglo XVIII el vino producido satisfacía la demanda local, y es a partir de entonces cuando se hace más comercial, llegando a ser transportado en el siglo XIX hasta el Puerto del Grao de Valencia para ser exportado, hecho favorecido por la infección por Oidium entre los viñedos franceses, plaga que no fue muy virulenta en la zona de Requena. Hasta 1912 se libraron de la otra gran plaga, la de la filoxera. La variedad de uva local Bobal resistió la enfermedad que se propagó lentamente, dando tiempo a ir sustituyendo los pies de las cepas por las variedades americanas resistentes al temido insecto. El censo de vides no se vio afectado. Unos años antes, en 1897, se inauguró la línea de ferrocarril que unía Valencia y Utiel lo que impulsó el comercio del vino con la capital valenciana.
La tierra y el clima de Requena hace que sus vinos sean muy especiales, sobre todo los tintos y rosados realizados con la variedad bobal. Entre las uvas tintas también se cultiva la tempranillo, Cencibel y la garnacha. Entre las variedades blancas las más frecuentes son la macabeo y la merseguera.
Son muchas las bodegas que abren sus puertas a los visitantes para mostrar su historia, instalaciones y sobre todo su bien más preciado: el vino.

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5) LA CALLE DE SANTA MARÍA

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Es la más importante de la antigua villa y bien podría llamársele de los caballeros, pues en su parte izquierda perduran casas blasonadas que pertenecieron a la nobleza villana de la ciudad. Hidalgos que emparentaron con descendientes de los 30 Caballeros de la Nómina que Alfonso X envió a Requena al constituirla, con su carta puebla, como villa real con su extenso territorio.
La misión de los Caballeros de la Nómina fue la defensa de La Villa y su tierra, la cristianización y castellanización de todo su territorio, así como el gobierno, con su fuero propio, constituyéndose como una minicomunidad autónoma, dentro del reino de Castilla, la Comunidad de Villa y Tierra de Requena incluida en el obispado de Cuenca.
La particularidad de la mayor parte de estas casonas de la parte izquierda es que están construidas junto a los muros y los torreones de la fortificación musulmana, conservándose parte de la muralla en su interior y reaprovechando los torreones de planta cuadrada como parte de la vivienda. Poseen además sus solanas orientadas al Este y al pie del precipicio sus huertos jardín cerrados, con riego, que procedía de la fuente de Reinas.
La mayor parte de las casas de la calle de Santa María son viviendas reconstruidas en los siglos XV y XVI y algunas de ellas remodeladas en sus fachadas en el siglo XVIII e incluso el XIX. A diferencia de las casas de artesanos y labradores de otras calles y callejones villeros, que son de reducidas proporciones, poseen grandes espacios, con amplio zaguán y sus cuadras en la planta baja, sus grandes salas y alcobas en sus plantas superiores y, como todas las casas de La Villa, su cueva bodega en el subsuelo.
La primera casa de la izquierda entrando en la propia calle posee un bello blasón renacentista y a la derecha queda la sacristía y el ábside de la iglesia del Salvador. Siguen casas con portadas adinteladas o adoveladas de medio punto y escudos nobiliarios. Poco antes de llegar a la plaza de Santa María en la parte derecha y entre dos viviendas, existe un estrecho callejón, cerrado por una pequeña puerta encalada. Es el llamado callejón de los toriles, porque por allí entraban los toros que se habían de lidiar en la plaza de La Villa, a la cual salían por otro callejón semejante, actualmente cerrado.
En la parte izquierda se levanta la iglesia de Santa María y una vez rebasamos la plaza de su nombre, haciendo esquina a la plaza, está la llamada casa de Santa Teresa, completamente reconstruida en los años 90 del siglo XX, pero que conserva su portada renacentista blasonada y una hermosa reja que da a la plazuela de Santa María. Se le da este nombre porque es tradición que la santa pernoctó en esta casa en su intento de reformar a los carmelitas calzados que existían en Requena desde el siglo XIII. En este nuevo edificio se conserva hoy el rico Archivo Histórico Municipal.
Seguimos bajando y llegamos a un punto en el que, por derribo de algunas casas, nos encontramos una plaza en lo que, curiosamente en otras épocas se llamó la angostura de Santa María por la estrechez de la calle. Continuamos y todavía podemos ver dos casonas blasonadas y con antiguas rejas, para llegar al final, en donde estuvo situada la llamada puerta de Alcalá, de la que no quedan restos. Esta Alcalá a la que se refiere la antigua puerta de Requena es Alcalá del Júcar en la provincia de Albacete.

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6) IGLESIA DE SANTA MARÍA

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Es una de las tres parroquias que se fundaron en la Edad Media en La Villa de Requena. La encontramos a mitad de la calle de este nombre. En el punto en el que se sitúa su hermosa portada se abre una plazuela casi cuadrada que comunica con la plaza mayor de La Villa por el callejón de Piñuelo.
Existe la opinión muy generalizada de que esta iglesia se ubicó en el lugar de la mezquita mayor, adecuando sus espacios originales a los de un templo cristiano en distintas épocas. Un pronto testimonio de 1333 es una carta enviada desde Roma, al racionero de esta parroquia, mucho antes de que se comenzara la obra gótica de su capilla mayor y de su portada y se concluyera su nave barroca en el primer tercio del siglo XVIII. El racionero era una dignidad eclesiástica con derecho a recibir rentas o prebendas de la iglesia.
La capilla mayor, cubierta con primorosa crucería gótica, abarca cuatro capillas, dos a cada uno de sus lados, también con crucerías góticas. Esta obra se terminó en 1565, quedando el resto del espacio primitivo sin restaurar y en notable contraste con esta intervención del siglo XVI. En la primavera de 1730 se iniciaron las obras de la bóveda y las capillas barrocas en el espacio antiguo sin restaurar que mediaba entre la obra citada de la capilla mayor y los pies del templo, efectuándose con notable perfección el ensamble de las bóvedas gótica y barroca.
Destaca en su interior la capilla de Ntra. Sra. del Rosario, originalmente dedicada a Santiago Apóstol, patrón de los Caballeros de la Nómina. Posee esta capilla dos cúpulas, una de ellas decorada con pinturas de ángeles músicos y en los muros dos óleos de buena factura representando uno de ellos la batalla de Lepanto y el otro el milagro legendario del caballero decapitado, atribuido a Santo Domingo de Guzmán.
En otra de las capillas laterales de la parte opuesta existe una pintura fragmentada del siglo XVI representando a San Cristóbal. Otra singularidad que nos queda por citar en esta iglesia es la línea sinuosa, claramente barroca del borde del coro, acabado en 1763.
En el exterior se aprecia claramente la parte que corresponde a la capilla mayor, mucho más elevada y con sus muros inconclusos en la parte superior, con la intención de terminarlos, así como sus muros bajos de sillería. La parte correspondiente a la bóveda barroca es más baja externamente y los muros, desde la portada hasta los pies del templo, son de tapial y corresponden a la obra primitiva del edificio.
Pero la joya que destaca en el exterior es la bella portada del gótico florido, en la que el deterioro ha hecho mella, pero no impide que apreciemos su hermosura.
Podemos observar que es una portada abocinada con parteluz y dos puertas, con cuatro arquivoltas con doseletes, bajo los que están colocadas las imágenes del apostolado y en el parteluz la Virgen con el Niño. En el tímpano apuntado las imágenes del arcángel y la Virgen en la Anunciación.
Las tres arquivoltas primeras que envuelven el tímpano y son apuntadas alternan con doseletes y con imágenes. En la primera son imágenes de querubines con cuatro alas, en la segunda ángeles músicos con diversos instrumentos de la época, en la tercera vírgenes mártires con sus atributos correspondientes. La cuarta arquivolta con hojas retorcidas de cardo es conopial, acabada con florón. Desde la arquivolta conopial hasta la cornisa, también adornada con diversas figuras simbólicas, cubren el espacio arquillos conopiales entrecruzados. Sobre la cornisa hay una crestería de calado típicamente gótico.
Después de su restauración iniciada en los años 80 del siglo XX está dedicada, desde 2004, a albergar fundamentalmente grandes exposiciones y ciclos de conciertos, entre los que sobresale la Semana de Música Sacra de la ciudad.

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7) PRIMER RECINTO AMURALLADO DE LA PARTE SUR

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En el punto que se sigue llamando angostura de Santa María, al derribarse algunas casas que creaban la antigua estrechura o angostura de la calle de Santa María, quedó a la vista un torreón de tapial y un pequeño resto de muralla correspondiente a la primitiva cerca musulmana que todavía existe encerrada entre las calles del Rosario y la calle Somera.
Las casas de la calle del Rosario pegadas a la muralla y torreones musulmanes quedan al interior de la fortificación, mientras que las de la calle Somera se situaron extramuros de este antiguo recinto murado.
Ambas calles son rectas porque siguen el tratazo rectilíneo de la fortificación. En medio de ambas calles se conserva la muralla y algunas torres reaprovechadas, quedando a la vista un pequeño lienzo de la muralla, con un boquete abierto para comunicar la calle del Rosario y la calle Somera, en el punto conocido como arco del Ovejero. La última apertura está en la llamada puerta del Ángel.
El nombre de la calle Somera equivale a calle baja, porque a diferencia de la fortaleza está en la parte más baja del montículo de La Villa en su parte Sur.
Concluye la calle Somera con la perpendicular calle del Ángel, en la que se conservan dos casas con portada adovelada de medio punto, pegadas al segundo recinto amurallado que defendía este segundo espacio de La Villa y que conocemos como arrabal de San Nicolás.

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8) IGLESIA DE SAN NICOLÁS

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Si pasamos por la calle Somera nos sorprende contemplar una iglesia con fachada y torre neoclásicas, precedida de una plaza con una fuente. También nos llama la atención el constatar su estado ruinoso. Pero nos sorprende todavía más si alguien nos dice que esta parroquia siempre llevó el título de la más antigua de La Villa, después de conocer las de Santa María y El Salvador, con sus portadas góticas.
A ambas partes del templo se abren dos estrechos callejones, el de Tarás a la izquierda, y el de Paniagua a la derecha. En este último dos contrafuertes de la iglesia se unen a las casas de enfrente y para permitir el paso poseen unos arcos apuntados de traza mudéjar que poco tienen que ver con la fachada neoclásica de piedra, del último tercio del siglo XVIII.
Si nos asomamos por las rendijas de la puerta veremos la desolación de la ruina, pero se pueden observan las nervaduras góticas de su nave central. Efectivamente, en la iglesia de San Nicolás se inició su construcción gótica a finales del siglo XIII, pero las sucesivas reformas fueron enmascarando su origen gótico hasta 1787, en que se acaba su actual fachada, su crucero, la cúpula y el presbiterio.
Los historiadores nos hablan de una reconstrucción entre 1369 al 1380. Otra en el siglo XV, la construcción de una portada renacentista inacabada en 1551 y en el mismo siglo una ampliación. Pero las intervenciones de mayor importancia se llevaron a cabo en el siglo XVIII, ya que en la guerra de Sucesión sufrió destrozos por los ataques a Requena por parte de las tropas austracistas o partidarios del Archiduque Carlos de Habsburgo.
Entre siglo XVIII se recubrió la iglesia con yeserías al gusto barroco y poco después se amplió, por la cabecera, con un trasagrario, y poco después, en 1742 se reconstruyó la torre para sus cuatro campanas. En 1786 se concluyó la obra de la portada neoclásica, en sustitución de la inacabada del siglo XVI y se amplió la parte de la cabecera con el crucero, la cúpula y el espacioso presbiterio.
Tras los desperfectos sufridos en la guerra civil española y ante la penuria económica de la posguerra, para reacondicionarla al culto, se trasladó la parroquia de San Nicolás a la antigua iglesia conventual del Carmen, en el arrabal. Esta iglesia carmelitana fue la que menos dañada quedó tras la contienda, conservando su retablo mayor. Con este traslado quedó cerrado el viejo templo de La Villa y el tiempo y el vandalismo lo han convertido en una grandiosa ruina.

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9) EL PALACIO DEL CID

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39.485006º N 1.102467º W

Entre las leyendas cidianas de Requena y su comarca existe la del Palacio del Cid, admitiendo que esta casona del siglo XV, de la calle Somera, fue habitada por Rodrigo Díaz de Vivar, que vivió en el siglo XI. Si esta leyenda es historia habríamos de suponer que en el solar de una casa del siglo XI, habitada por el héroe castellano, cuatro siglos después, una familia hidalga de apellido Pedrón, que se estableció en Requena a principios del siglo XV construyó este llamado Palacio.

Destaca en él su fachada de sillería con puerta de medio punto con potentes dovelas, sus ventanas con arcos conopiales, su saledizo con sus graciosos canes en el remate de sus vigas y su bien tallado escudo nobiliario perteneciente y emblema de la familia Pedrón requenense.

La fachada trasera es de mampostería y da a la calle de San Nicolás. En ella destaca otra puerta de medio punto y una solana con barrotes torneados de madera.

Sabemos que en el siglo XVIII el Palacio, y debido a entronques familiares, ya era propiedad de los Condes de Torrellano, que no vivieron en Requena, aunque conservaron sus importantes propiedades. Hasta los años 60 del siglo XX estuvo habitado por familias en alquiler, se destinó una gran sala a granero con sus trojes y se utilizaron sus trullos y su bodega para elaborar vino. A partir de entonces quedó cerrado, iniciándose su deterioro, algún derrumbe y parches para conservarlo, pero sin interés de su restauración integral por parte de los propietarios.

En 1991 fue comprado a Doña Leticia de Borbón, Condesa de Torrellano, por la Consellería de Hacienda, siendo alcalde de Requena Don Antonio Monteagudo, con la finalidad de ubicar en él el Museo del Vino. En noviembre de 2006 se acaba la restauración y en junio de 2009 se cedió al Ayuntamiento de Requena, para su conservación e instalación del Museo del Vino.

En la respetuosa restauración se ha conservado su zaguán con artesonado, la escalera de acceso a la primera planta con barandillas y balconcillo de barrotes torneados y el profundo pozo.

A la parte izquierda del zaguán, según se entra, están los trullos de pisar la uva y a la otra parte de los trullos la trulleta o pila para sangrar los citados depósitos, en el inicio de bajada de la escalera a la cueva bodega. Ésta posee 9 tinajas grandes de la misma tipología y medida, a las que se hace alusión en una escritura del siglo XVI.

En la parte opuesta a los trullos y a la cueva se conserva la cuadra y los restos de las gorrineras con sus comederos tallados en la roca. En otro espacio contiguo encontramos un antiguo jaraiz con su suelo inclinado de ladrillos.

En los espacios de las salas superiores se han conservado los forjados de artesonado, en donde los había, o los que se habían sustituido por bovedillas.
En la techumbre se han conservado las vigas principales y se ha cambiado el entablillado por su deterioro.

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10) PUERTA DEL ÁNGEL

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39.485078º N 1.101831º W

Rodeado de un terreno llano, en otras épocas dedicado a huertas, se levanta el montículo de toba inclinado de Norte a Sur, sobre el que se edificó La Villa fortificada de Requena en época musulmana sobre restos de poblados más antiguos.
Para acceder a La Villa siempre hay que subir y a esos accesos se les da el nombre de cuestas, en cuya culminación estaba protegida la fortificación por puertas de la muralla. De las siete cuestas y puertas que tuvo el recinto amurallado se cerró e inutilizó la llamada de Fargalla, al construir una segunda muralla que abarcaba el arrabal de San Nicolás.
Las seis cuestas y puertas restantes se conocen con los nombre de la Cortina, de Alcalá, de las Carnicerías, del Castillo, del Cristo y del Ángel. De estas cuestas solamente quedan restos visibles de sus antiguas puertas en la del Cristo, con una ermita reducida, dedicada al Santo Cristo del Amparo y empotrada en un torreón defensivo.
En la cuesta del Ángel, por la que se accede actualmente con escalinata, como en la cuesta de las Carnicerías y la Cortina, encontramos la puerta vieja del primer recinto amurallado de la parte Sur. Ese resto de murallas y torres encerradas entre las calles del Rosario y Somera, como ya dijimos. Al construirse la casa número 7 de la calle del Ángel a finales del siglo XVI pegada en su vieja muralla, en su parte externa, se respetó esta entrada por medio de un pasadizo, con dos tramos de bovedillas en su forjado, comunicándose, de esta forma, el arrabal de San Nicolás con la llamada plaza de la Jorra, que queda intramuros de la primera fortificación.
En este pasadizo de la puerta del Ángel existen dos paneles de azulejos valencianos, relativamente modernos, colocados en los años 70 del siglo XX, en sustitución de los que existieron con anterioridad a la Guerra Civil. En ellos se representan las imágenes del Ángel de la Guarda y de Ntra. Sra. de los Desamparados.
De la puerta nueva del Ángel que tuvo que estar en la culminación de la cuesta, para acceder directamente al arrabal de San Nicolás no queda ningún resto.
Un edificio emblemático de la cuesta del Ángel es la casa en donde está instalado el Museo de Arte Contemporáneo Florencio de la Fuente. En la fachada orientada al Oeste, edificada sobre el precipicio que forma la roca destacan sus dos espaciosas soladas y sus antiguas rejas. En las casas que quedan a la izquierda, conforme se sube, también se conserva otra graciosa solana, de menores proporciones.

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11) PLAZA DE LA VILLA O DE ALBORNOZ

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En el siglo XVII tiene lugar la apertura de una plaza mayor en La Villa conocida originalmente con este nombre. Para conseguir este gran espacio rectangular fue necesario derribar algunas manzanas de edificios que lo ocupaban.
Sabemos que en 1685 se construyó en esta plaza la Casa Consistorial, la casa del Corregidor, la casa del Verdugo y la Cárcel.
A la moda castellana de las plazas mayores se sumó Requena para conseguir un espacio amplio donde montar el mercado semanal y celebrar actos públicos importantes, entre los que destacaban las corridas de toros, los cuales salían a la plaza por un estrecho callejón, hoy cerrado, semejante al callejón de los toriles de la calle de Santa María.
El suelo de esta plaza mayor está inclinado de Norte a Sur, como el resto del barrio, y fue de tierra hasta final de la década de los setenta del siglo XX, en que el Ayuntamiento decidió empedrarla. Al llevar a cabo estas obras fueron haciéndose diversos socavones que descubrían las cuevas que correspondían a las antiguas viviendas derribadas en el siglo XVII y que estuvieron edificadas en el espacio de la plaza.
A mediados del siglo XIX (1851) se derriba la Casa Consistorial de la plaza de La Villa y se traslada al arrabal, ocupando parte del edificio del convento de carmelitas, exclaustrado en 1836, con lo que la plaza mayor de La Villa fue perdiendo su importancia como centro de la ciudad, en favor de las plazas del arrabal. La actualmente de España y la del Portal de Madrid.
La plaza de La Villa se dedicó al coronel José Ruiz Albornoz que dirigió la defensa victoriosa de la población ante los ataques de los carlistas el día 13 de septiembre de 1836.

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12) LA IGLESIA DEL SALVADOR Y CASA NUEVA DE LOS PEDRÓN

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Antes de referirnos a la Iglesia del Salvador, frente a su portada se observa la casa renacentista de los Pedrón en la que se aprecia las intervenciones dieciochescas en los grandes huecos de sus balcones, sus puertas y la propia rejería de dichos balcones. En su amplio zaguán interior arranca una ancha escalera, al estilo barroco, con azulejos valencianos en las contrahuellas de sus escalones.
Su sobria portada es adintelada y sus puertas está bien claveteadas con hermosas aldabas renacentistas, robadas recientemente. Su escudo fue quitado al abrir el pequeño balcón que existe encima de la portada entre los dos grandes. En la parte superior de su esquina izquierda destaca la cabeza de una leona tallada en piedra.
En esta casa se hospedó el rey Felipe III la noche del 21 de diciembre de 1603 en su viaje desde la Corte a Valencia, tras haberle ofrecido las autoridades requenenses y el pueblo un clamoroso recibimiento y diversos actos festivos. Era esta vivienda propiedad, en aquel momento, de Don Juan Pedrón de la Cárcel regidor perpetuo de la entonces Villa de Requena. A esta casa se le ha conocido también como casa de la seda porque existió una fábrica de manufactura de seda hasta principios del siglo XX.
Mirando de frente la casa de los Pedrón está unida a su parte derecha una casona blasonada, también con reformas dieciochescas en su fachada delantera, aunque en su fachada trasera, que da al callejón de Segura podemos contemplar sus saledizos y sus canes propios del siglo XV o XVI idénticos a los del Palacio del Cid. Su portada dovelada de medio punto se eliminó hace varios años para dar más anchura a la puerta principal.-
La construcción de la iglesia de El Salvador, que desde el siglo XV llevó el título de arciprestal de toda la comarca, se inicia en 1380 sobre una antigua ermita dedicada a Santa Bárbara.
Lo que mejor manifiesta el origen gótico de la arciprestal es su hermosa portada correspondiente al gótico florido y semejante a la portada de Santa María, de la que se diferencia porque está construida en la fachada frontal y no en la lateral y por ello posee rosetón.
En vez de cuatro arquivoltas, como en Santa María, solamente posee tres, la primera con ángeles que llevan símbolos de la Pasión, la segunda con vírgenes mártires y sus atributos y la tercera con hojas retorcidas de cardo semejantes a las de Santa María y también en forma conopial y terminada en florón.
Del apostolado hemos de decir que está muy mutilado y con faltantes. Únicamente se conserva en medianas condiciones la imagen de san Pedro con sus llaves. La Virgen del parteluz fue destruida en 1936. En el tímpano destaca un Cristo en majestad o Pantocrator bajo doselete y orlado por ángeles.
Es la única de las tres parroquias que posee tres naves, pero sin girola. Las naves laterales acaban en capillas absidiales. Como todas las iglesias góticas de Requena está recubierta de yeserías barrocas en su interior, en este caso realizadas por el famoso maestro Juan Pérez Castiel. Los dos tramos que coinciden con los pies del templo fueron reconstruidos a partir de 1779 porque se derribaron al hundirse la torre campanario que se había elevado en 1636. La bóveda de cañón y la sencillez decorativa de estos dos tramos nos hablan de este hecho. En su tercer tramo y en los ábsides, así como en las naves laterales, se aprecian claramente las crucerías góticas aunque cubiertas por delicada ornamentación barroca.
La torre campanario actual es del último tercio del siglo XVIII con su base de piedra y su parte superior de ladrillo, con seis arcadas para sus seis campanas. Está rematada por un tejadillo a cuatro aguas cubierto por tejas azules en forma de chapitel que culmina con bola y airosa cruz. Unida a su pared del Norte destaca la monumental capilla neoclásica de planta redonda llama de la Comunión o del Sagrario. Está cubierta por una gran cúpula de tejas azules con su alto tambor con ventanales y su estilizada linterna.

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13) ORIGEN DE LAS CUEVAS DE LA VILLA

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En Requena son muchas las casas que tienen su propia cueva, que era usada como bodega, despensa, silo e incluso refugio. Los materiales calizos extraídos al perforar la toba y extraer la arcilla del subsuelo fueron usados para edificar las propias casas, sobre todo la arcilla para paredes de tapial.
Las cuevas constituyen de los hábitats humanos donde se disfruta de mayor confort térmico, es decir, temperatura más fresca que en el exterior en verano y más cálida en invierno. La temperatura en el interior suelo rondar la media anual gracias a la inercia térmica de las paredes que retrasa varios meses las variaciones exteriores. La humedad se filtra lentamente por las paredes, de modo que su valor relativo en el aire es de aproximadamente el 50 %, lo que hace que el ambiente sea agradable y saludable.
El terreno en donde está situada Requena se compone de tres montículos que, cubiertos de toba caliza o tosca, sirvieron para la edificación en alto de la Villa fortificada, el barrio de Las Peñas y La Loma, en donde se encuentra el barrio de este nombre y el antiguo convento de San Francisco.
Las hondonadas arcillosas, con tierra fértil, estuvieron dedicadas a huertas, parte de las cuales han ido desapareciendo al producirse los ensanches de los siglo XVIII al XX y parte del XXI.
Las 22 cuevas que se encuentran bajo la Plaza de la Villa son de época musulmana, entre los siglos IX al XIII, y tuvieron uso hasta el siglo XVII en que se derribaron las casas privadas y edificios públicos de la plaza. Quedaron semi-colmatadas de los escombros de los derribos,. Al ser cegadas y cayeron en el olvido de los propios requenenses.
La forma en que se construyeron fue perforando la toba y vaciando de arcilla su parte inferior. La toba funciona como bóveda y el espacio vaciado corresponde, más o menos, al solar de la edificación construida sobre la cueva. En unos casos están separadas, si correspondían a casas enfrentadas de una calle. Cuando pertenecían a viviendas contiguas el espacio de separación es mínimo y a veces fue necesario reforzarlo con tabiques para garantizar la separación.

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14) EL DESCUBIMIENTO DE LAS CUEVAS

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Aunque las cuevas estuvieron casi cuatro siglos escondidas bajo el suelo de la Plaza de la Villa, entre los requenenses siempre se tuvo alguna sospecha de su existencia, Por socavones que de tanto en tanto se producían y habían de rellenarse con escombros.
El hallazgo se produjo en los años 70 del siglo XX, al iniciarse los trabajos de empedrado de la plaza. Al tener que vaciar el suelo de tierra de todo el espacio en unos 50 cm. fueron apareciendo diversos boquetes que descubrían las entradas de la mayor parte de las cuevas-sótano, además del osario de la parroquia de El Salvador.
Antes de efectuar el empedrado de la plaza, se llevó a cabo el vaciado de los escombros que contenían y en la parte alta, en que estaba situado el osario de la parroquia de El Salvador, el traslado de los huesos al cementerio municipal. De las cuevas en donde solamente había escombros se seleccionaron piezas y fragmentos de cerámica que hoy se conservan en el Museo Municipal, parte de las cuales se han restaurado.
Para poder acceder a este conjunto de cuevas subterráneas se pensó el comunicarlas por túneles que se fueron haciendo después de empedrar la plaza.
El resultado es un paseo por un laberinto de estancias que forman las 22 cuevas. Unas cuevas poseen tinajas, otras están vacías, en una existe un pozo, las que corresponden al antiguo osario están en un nivel más alto. Dos de ellas tienen forma de vasija por lo que se piensa que fueron silos, algunas poseen los restos de sus escaleras y sus respiraderos.

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15) ESTANCIAS DE LAS CUEVAS

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Las estancias que se visitan nos recuerdan los usos que tuvieron y en algún modo nos dan información sobre el modo de vida de sus propietarios.
Hagamos un inciso para recordar que se tratan de cuevas artificiales excavadas bajo una superficie caliza, y que en su casi 800 años de existencia ha habido tiempo para que comiencen a formarse los característicos espeleotemas o formaciones de las cuevas conocidas como kársticas, es decir formadas por materiales calizos. El agua ligeramente ácida disuelve lentamente la roca dando formación a estalagmitas, pues la plaza desde el siglo XVII hasta los años 70 del siglo XX tuvo suelo de tierra y se pudieron dar filtraciones. Dependiendo de diversas circunstancias sobre todo climáticas, se calcula que una estalactita crece aproximadamente un centímetro en 100 años.
La llamada sala central se sitúa bajo el centro de la propia plaza de La Villa y no se conoce su función original. De ésta sale el primer túnel de comunicación con otra cueva separada de ella, continuando una red de más túneles que como el primero se abrieron a partir de 1970 para comunicar cuevas separadas.
El Osario se sitúa al Norte de la plaza, motivo por el cual se encuentra en un nivel más elevado que el resto de las cuevas, pues el montículo tobáceo donde se emplaza la Villa se inclina geográficamente de Norte a Sur. Fue reutilizada como fosa común. La Iglesia de El Salvador no podía albergar todos los cuerpos en sus criptas, cuando estas se llenaban de enterramientos. Para evitar se vaciaban y depositaban en este espacio. Ambos lugares de enterramiento dejaron de utilizarse tras la construcción del cementerio municipal en 1813, momento en que se prohibieron los enterramientos en el interior de las iglesias.
Otra cueva se supone que, en sus orígenes, cumplía con la función de silo para el almacenaje de trigo. Se aprecia su forma de ánfora, una botella muy característica por el estrechamiento de su boca, lugar por donde se introducía el grano. Una vez el silo se colmataba, se procedía a sellar la boca, de esta manera se conservaba intacto su contenido.
Los propietarios de la casa construida sobre la llamada cueva con pozo fueron realmente afortunados, pues no era frecuente en el siglo XV tener el beneficio de un suministro doméstico de agua. En Requena aún quedan casas que conservan su pozo, este no tiene siempre el mismo emplazamiento.

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16) CUEVAS BODEGA

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El uso más frecuente fue, en algunas de las cuevas, fue el de almacenaje y conservación del vino en tinajas. La cueva-bodega se relacionaba con otras actividades y elementos, todos complementarios a la elaboración del vino. Estos son los jaraíces, los trullos para el pisado de la uva, las piqueras y las trulletas entre otros. Estos elementos no se encontraban todos en las cuevas, como ocurre en el Palacio del Cid, en el cual es a la izquierda del zaguán donde se conservan los trullos para pisar la uva.
El jaraiz era un espacio con suelo inclinado en el que se pisaba la uva en su parte más alta, acumulándose el mosto en su parte más honda. De allí se traslaba el mosto a las tinajas en donde fermentaba sin raspajos ni hollejos, dando el antiguo vino denominado clarete, por su escaso color.
El trullo era un espacio de planta rectangular con una profundidad de unos dos o tres metros que se cubría con tablas sobre las que se pisaba la uva. Cada capa de lo pisado se dejaba caer al fondo levantando cada una de las tablas. Poco a poco se iba llenando y se dejaba fermentar el mosto, unos ocho días, con los hollejos y raspajos, para que el líquido, con la fermentación fuera tomando color y se convirtiera en vino tinto. Cuando se aplacaba esta primera fermentación llamada tumultuosa, se sangraba el trullo destapando las piqueras, que son unos orificios por donde salía el caldo, el cual se iba acumulando en unas pilas, llamadas trulletas, y de allí se trasladaba a las tinajas para su conservación.
La mayor parte de estas bodegas producían vino para consumo local que se vendía, señalando su venta colgando una rama de pino en la puerta de la casa. También las hubo de grandes proporciones cuya producción se destinó al comercio exterior.

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17) EL ARRABAL DEL CARMEN Y LA CASA CONSISTORIAL

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Es tradición que a finales del siglo XIII se levantó en Requena un monasterio de monjes carmelitas, el primero de Castilla, y que fue construido extramuros de La Villa y en medio de su fértil huerta.
En torno de este convento y al pie del peñasco fortificado de La Villa se inició pronto el desarrollo del antiguo Arrabal del Carmen, aumentando su importancia el hecho de que el camino del Madrid se desviara de su paso por La Villa y atravesara de Este a Oeste el barrio arrabalero.
En el Arrabal primitivo, comprendido entre el “tirador”, cercano a la actual Residencia de Ancianos, en el Este y la plaza del Portal de Madrid al Oeste, La Villa al Sur y la actual avenida de la Constitución al Norte, vivieron judíos, dedicados al comercio, herreros, mesoneros, arrieros, frailes,…
Frente al convento se construyó el Molino harinero del Carmen, modernamente derruido, movido por las aguas de la acequia de Rozaleme y en la salida hacia Valencia se situaron las herrerías. También cerca del convento estuvo el burdel y el hospital, la llamada Posada de los Frailes y el Mesón del Conde de Ibangrande, así como la casa llamada del Salero. En la actual calle de Marquillo estuvo situada la cada del Diezmo y en la del Peso la casa del Peso de la Harina. En el siglo XVIII, cerrando la plaza del Portal, se levantó un nuevo convento en el que se instaló una congregación de monjas agustinas recoletas.
Entre la calle del Carmen y la del Peso se abre la plaza del Arrabal (hoy de España) convirtiéndose con la del Portal en puntos importantes del comercio, juntamente con la calle del Peso, las Monjas, Olivas,…
La desamortización del convento del Carmen en 1836 y la adjudicación del edificio, excepto la iglesia, a la ciudad dio pie a que en su ala Norte se instalara la Casa Consistorial en 1851, trasladada desde la plaza de La Villa. Posteriormente el claustro y otras dependencias del convento fueron adecuados para albergar el primer Instituto de Enseñanza Media.
La huerta del convento también pasó a ser de propiedad municipal y se convirtió en el parque conocido como La Glorieta, unido a la plaza Consistorial.
La Casa Ayuntamiento sufrió una remodelación en 1942 y otra muy importante acabada en 1995.
Parte de lo que fue el Instituto de Enseñanza Media alberga hoy el Museo Municipal.
Desde el siglo XVIII y sobre todo desde el siglo XIX el Arrabal se convirtió en el centro urbano de la ciudad concentrando el comercio y los servicios en las calles principales y las plazas citadas.
Los viejos callejones del Arrabal, estrechos y recoletos, conservan todavía esa semejanza con las calles de La Villa, lo cual nos habla de su antigüedad, salpicados de casonas dieciochescas de influencia valenciana.

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18) IGLESIA DEL CARMEN

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Corresponde este templo al conjunto de lo que fue convento de monjes carmelitas, desde finales del siglo XIII hasta 1836, en que se produjo la exclaustración de los frailes y la supresión como convento, con motivo de las desamortizaciones del siglo XIX.
Esta iglesia quedó como ayudantía de la parroquia de San Nicolás desde 1836 hasta 1936, en que se inició la última guerra civil. Tras la contienda resultó este edificio religioso el menos dañado, restaurándose pronto el culto en 1939, pues en él se conservó el retablo mayor y el zócalo de azulejería valenciana, salvándose también de la destrucción la imagen de la Virgen de los Dolores, actual patrona de la ciudad, y una buena colección de lienzos del siglo XVII y XVIII pertenecientes a distintas iglesias de Requena. Alguien se encargó de desmontar estos óleos de sus emplazamientos originales y almacenarlos en el coro del Carmen, como si fueran alfombras. Fueron restaurados a partir de la década de los 80 del siglo XX y actualmente decoran capillas y sacristía de este templo.
Ante el estado ruinoso en que quedó la iglesia de San Nicolás, acabada la guerra civil, y la imposibilidad de acometer su restauración, se trasladó la parroquia del Santo Patrón San Nicolás, en la Villa, a la iglesia del Carmen, en el Arrabal, al inicio de los años 40 del siglo XX.
En nuestro querido templo carmelitano, que es el santuario mariano más antiguo de la comarca, encontramos dos espacios bien diferenciados:
La capilla gótica de Ntra. Sra. de la Soterraña, que corresponde al primer templo del monasterio, y la iglesia mayor, de finales del siglo XV y principios del XVI. En ella, a pesar de su transformación barroca del siglo XVIII, se aprecia claramente el gótico tardío en que fue construida. Nos quedan a la vista las nervaduras góticas de la bóveda del crucero, de las capillas laterales de éste y las del ábside de la capilla mayor, así como la portada de la sacristía de gótico isabelino. Renacentistas son los frescos que decoran el ábside y que fueron descubiertos en 1998.
En esta iglesia se veneran, además de la Virgen del Carmen, situada en el retablo mayor, de estilo neoclásico de 1831 y con hermoso camarín, la de Ntra. Sra. de los Dolores, declarada canónicamente como patrona de la ciudad en 1955, y el patrón San Nicolás. Patrona y patrón ocupan las capillas del crucero en bellos retablos de mármol con decoración de bronce de 1942y 1950 respectivamente.
Ntra. Sra. de la Soterraña, primitiva patrona de Requena desde la fundación del convento, se venera en su espaciosa capilla, situada a los pies del templo mayor y detrás del coro.
Es tradición que la primitiva imagen Soterraña fue traída al convento por D. Alfonso de la Cerda, su fundador. El infante D. Alfonso había heredado esta talla en madera de su abuelo materno San Luis IX de Francia, quien la había encontrado enterrada en el Monte Carmelo, cuando fue a Palestina con motivo de las Cruzadas.
De notable interés es el zócalo de azulejos valencianos en que destacan las figuras, en azul, de diversos santos carmelitas mezclados con diferentes motivos policromados de flores, frutos, hojas, escudos, angelotes, etc.
De la imaginería expuesta al culto, además de la Virgen del Carmen y San Nicolás, son de buena factura las tallas de San José, San Antonio de Pádua, el Sto. Cristo de la Vera Cruz y el Nazareno de Arrabal, todas ellas realizadas en la posguerra. Del siglo XVIII es la de Ntra. Sra. de los Dolores y de finales del siglo XIV o principios del XV la del Padre Eterno, venerada en la capilla que fue de San Roque.

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19) ARQUEOLOGÍA

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El poblamiento de Requena y su extenso término está bien documentado desde épocas prehistóricas, protohistóricas e históricas como son la romanización y el periodo de ocupación musulmana.
Diversos son los puntos en los que las excavaciones arqueológicas han aportado materiales de distintas épocas que se conservan en el Museo Municipal de Requena dentro de la Sección de Arqueología.
El Museo de Requena es el único que tiene esta categoría oficial en toda la comarca y por ello es el centro en el que se depositan los materiales arqueológicos que aparecen en yacimientos del territorio comarcal, contando además con las colecciones museográficas de Caudete de las Fuentes y Camporrobles.
En el Museo de Requena existe una sala con exposición permanente dedicada a la cultura ibérica, con cerámica y otras piezas correspondientes a esta cultura y procedentes de yacimientos del término de Requena y otros puntos de la comarca.
También existe otra sala permanente dedicada a la romanización en cuya época no existió ninguna ciudad importante en territorio comarcano, pero si hubo abundancia de villas romanas dedicadas a la explotación agraria y ganadera.
Buen ejemplo de ello fue la villa romana que, en un tiempo, perteneció a una tal Domitia Iusta y que estuvo situada en el valle de Hortunas en la margen izquierda del río Magro, junto al antiguo camino de La Ribera.
De esta villa se excavó la parte correspondiente a la necrópolis, en la cual se descubrieron diversos enterramientos en inhumación y en incineración, fragmentos del monumento funerario de Domitia Iusta, materiales cerámicos, de vidrio, metálicos, etc. que junto a otros de otras procedencias del término se exponen en la sala permanente ya citada.
En exposiciones temporales se exponen de los fondos del museo, piezas y materiales de la época del bronce, de la cultura islámica, incluso de la época medieval cristiana.

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20) TEATRO PRINCIPAL Y ESTACIÓN ENOLÓGICA

21) EL BARRIO DE LAS PEÑAS

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Tras la ocupación cristiana de Requena y su tierra por cristianos castellanos en 1239 y la concesión de la Carta Puebla por Alfonso X de Castilla en 1257, parte de la población musulmana que vivía en el recinto amurallado de La Villa, fue desplazada a un montículo rocoso situado al Norte del espacio fortificado, conocido como Las Peñas. En este emplazamiento se desarrolló un barrio mudéjar de labradores y pastores que conservó durante más de un siglo sus costumbres y religión musulmana.
A mitad del siglo XIV, coincidiendo con un largo periodo de crisis económicas y con la aparición de la terrible epidemia de la peste, se iniciaron las presiones hacia la población musulmana, forzándoles a la conversión al cristianismo o la emigración al reino musulmán de Granada.
El hecho de la cristianización de mudéjares determinó que se construyera una ermita en Las Peñas que, por sus grandes proporciones, nos demuestra que la población de origen musulmán fue numerosa en este barrio.
Este poblado quedaba relativamente separado de La Villa y, aunque sin fortificación defensiva, se apiñaron las viviendas acomodándose a las irregularidades del terreno. Se encastilló el caserío construyendo las casas de espaldas al exterior, dando sus fachadas a un conjunto de callejones retorcidos y estrechos que todavía se pueden apreciar en la parte original del barrio, situado en cuesta, al pie de la ermita.
Caminando por esta parte de Las Peñas detectamos claramente el origen musulmán de este espacio. Contrasta claramente con los ensanches dieciochescos que se construyeron en la parte llana que queda detrás de la ermita, con calles rectas y la amplia plaza de la Carrera.
El que la ermita de estilo mudéjar se construyera en el siglo XIV y se dedicara a san Sebastián se debe o coincide con el desarrollo de la mortífera epidemia de la peste en esta época. A san Sebastián, mártir milanés, se le asignó, en el Occidente europeo, el ser abogado o protector contra esta enfermedad.
En el texto de los gozos que todavía se cantan en su fiesta en el mes de enero se dice:
Mártir de invicto valor
pues gozáis de Dios la esencia
en la peste y su dolencia
sed nuestro libertador.
La restauración de la ermita le ha devuelto su aspecto puramente mudéjar, habiéndose conservado algunos de los añadidos dieciochescos entre los que destaca la capilla de San Cayetano con graciosa cúpula.
En la fiesta de San Sebastián de Las Peñas sobresalen, como elementos tradicionales, la hoguera de la noche de la víspera, con su lucha de cohetes, la recogida de las tortas de pan bendito con sus pasacalles, música y petardos, y la “pará” o subasta de donativos, como exvotos al Santo.

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22) CONVENTO DE SAN FRANCISCO Y LOS MOLINOS

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La llagada a Requena de una comunidad de frailes franciscanos data de 1567, estableciéndose de forma provisional en una casa de la calle del Almázar en el Arrabal.
En 1617 se puso la primera piedra de la iglesia de su nuevo convento, que se edificó en el paraje de La Loma, en donde existía, desde los primeros años de la Conquista, una ermita dedicada a Ntra. Sra. de Gracia. En 1639, concluida la obra, se celebró la primera misa y ocupó la comunidad franciscana requenense su primera casa en La Loma. En ella permanecieron los franciscanos hasta 1835 en que se produjo la exclaustración de los monjes y la supresión del convento.
Entre 1808 y 1814 fue desalojada la comunidad conventual para utilizar el monasterio como fuerte avanzado en la defensa de Requena en la guerra contra los franceses. De nuevo y después de la exclaustración, en 1840, volvió a servir como edificio defensivo en la guerra contra los carlistas y a partir de 1842 fue aprovechado para alojar a los presidiarios que trabajaron en la apertura de la llamada carretera de las Cabrillas, después conocida por Nacional III y actualmente Autovía de Valencia.
En 1858 y al haber desaparecido el antiguo Hospital de la calle del Carmen, se acabaron las obras para adecuar el antiguo convento a Hospital de Caridad, aunque la iglesia no acabó de restaurarse hasta 1909.
El cuidado de enfermos se encomendó a las religiosas de la Consolación, en donde permanecieron con esta misión hasta mediados del siglo XX. Para el mantenimiento económico de la institución se creó la Fundación del Santo Hospital de Pobres que, por medio de donaciones de bienes rústicos y de inmuebles, llegó a poseer importantes propiedades, nombrándose como administrador de ellas al párroco de San Nicolás.
Al quedar cerrado el edificio al final de la década de los años ochenta del siglo XX, se inició una brutal destrucción vandálica que hubo de ser atajada por la Fundación con la restauración de techumbres y forjados iniciada en 2002 y la recuperación de la iglesia para ser dedicada a Museo de la Semana Santa de la ciudad.
El valor artístico y monumental del convento de La Loma podemos apreciarlo en su elegante y austero claustro tardorenacentista, así como en su espacioso templo barroco de una sola nave, en la que todavía se notan los restos de la minuciosa y colorista decoración pictórica de la bóveda.
Otros elementos de interés son la torre campanario de sillería, acabada con graciosa balaustrada, la bóveda de la escalera principal, la amplia cisterna bajo el jardín del claustro, con brocal poligonal (quebrado en el periodo del vandalismo) y la puerta principal del convento con arcada dovelada de medio punto que posiblemente fue aprovechada de la ermita medieval de la Virgen de Gracia, ya citada.
Al pie de La Loma existe una hondonada, conocida como Hoya de los Molinos, en donde existieron feraces huertas y los siete molinos que le dan nombre, movidos por las aguas de la fuente de Rozaleme.
De estos molinos se conserva intacto y restaurado el llamado de Teodora o de Ester y que estuvo abierto algunos años como museo, hasta poco antes de morir el último molinero que fue su dueño. Actualmente es propiedad de la Fundación del Santo Hospital de Pobres, pero está cerrado como museo.

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23) PLAZA DE TOROS Y MONUMENTO UNIVERSAL A LA VENDIMIA

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La llagada a Requena de una comunidad de frailes franciscanos data de 1567, estableciéndose de forma provisional en una casa de la calle del Almázar en el Arrabal.
En 1617 se puso la primera piedra de la iglesia de su nuevo convento, que se edificó en el paraje de La Loma, en donde existía, desde los primeros años de la Conquista, una ermita dedicada a Ntra. Sra. de Gracia. En 1639, concluida la obra, se celebró la primera misa y ocupó la comunidad franciscana requenense su primera casa en La Loma. En ella permanecieron los franciscanos hasta 1835 en que se produjo la exclaustración de los monjes y la supresión del convento.
Entre 1808 y 1814 fue desalojada la comunidad conventual para utilizar el monasterio como fuerte avanzado en la defensa de Requena en la guerra contra los franceses. De nuevo y después de la exclaustración, en 1840, volvió a servir como edificio defensivo en la guerra contra los carlistas y a partir de 1842 fue aprovechado para alojar a los presidiarios que trabajaron en la apertura de la llamada carretera de las Cabrillas, después conocida por Nacional III y actualmente Autovía de Valencia.
En 1858 y al haber desaparecido el antiguo Hospital de la calle del Carmen, se acabaron las obras para adecuar el antiguo convento a Hospital de Caridad, aunque la iglesia no acabó de restaurarse hasta 1909.
El cuidado de enfermos se encomendó a las religiosas de la Consolación, en donde permanecieron con esta misión hasta mediados del siglo XX. Para el mantenimiento económico de la institución se creó la Fundación del Santo Hospital de Pobres que, por medio de donaciones de bienes rústicos y de inmuebles, llegó a poseer importantes propiedades, nombrándose como administrador de ellas al párroco de San Nicolás.
Al quedar cerrado el edificio al final de la década de los años ochenta del siglo XX, se inició una brutal destrucción vandálica que hubo de ser atajada por la Fundación con la restauración de techumbres y forjados iniciada en 2002 y la recuperación de la iglesia para ser dedicada a Museo de la Semana Santa de la ciudad.
El valor artístico y monumental del convento de La Loma podemos apreciarlo en su elegante y austero claustro tardorenacentista, así como en su espacioso templo barroco de una sola nave, en la que todavía se notan los restos de la minuciosa y colorista decoración pictórica de la bóveda.
Otros elementos de interés son la torre campanario de sillería, acabada con graciosa balaustrada, la bóveda de la escalera principal, la amplia cisterna bajo el jardín del claustro, con brocal poligonal (quebrado en el periodo del vandalismo) y la puerta principal del convento con arcada dovelada de medio punto que posiblemente fue aprovechada de la ermita medieval de la Virgen de Gracia, ya citada.
Al pie de La Loma existe una hondonada, conocida como Hoya de los Molinos, en donde existieron feraces huertas y los siete molinos que le dan nombre, movidos por las aguas de la fuente de Rozaleme.
De estos molinos se conserva intacto y restaurado el llamado de Teodora o de Ester y que estuvo abierto algunos años como museo, hasta poco antes de morir el último molinero que fue su dueño. Actualmente es propiedad de la Fundación del Santo Hospital de Pobres, pero está cerrado como museo.

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24) ENSANCHES DEL SIGLO XX

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Desde los ensanches de finales del siglo XVIII que unieron el barrio de Las Peñas con el Arrabal del Carmen y agrandaron el barrio peñero hacia el Norte, no se produjeron ampliaciones destacadas del casco urbano de Requena hasta finales de los años 50 del siglo XX.
En 1936, antes del inicio de la guerra civil, fue incendiado y destruido el convento de San José de las monjas Agustinas Recoletas, que cerraba la plaza del Portal de Madrid en su parte Oeste. Este hecho dio pie a que en 1941 un nuevo plan urbanístico planteara un moderno ensanche de la ciudad hacia el Oeste, sobre las huertas, con una perfecta visión de futuro que ha servido y se ha desarrollado a lo largo de más de cincuenta años. Este plan urbanístico es conocido como “Plan Borso”, pues fue diseñado por el ingeniero Cayetano Borso.
En el nuevo ensanche del Oeste predominan las calles en cuadrícula, en torno a dos importantes ejes que, cruzándose perpendicularmente, como el Cardus y el Decumanus de las ciudades romanas, forman la amplia avenida del Arrabal y la de Lamo de Espinosa.
La avenida del Arrabal posee en su inicio la llamada Fuente de los Patos. En el cruce con la Avenida de Lamo de Espinosa la conocida como Fuente de Colores y en el tramo siguiente el Monumento Universal a la Vendimia, quedando muy próxima la Plaza de Toros. En su terminación acaba con una amplia rotonda y una pasarela sobre la antigua carretera Nacional III que comunica con el Recinto Ferial.
El proceso de construcción de barrios nuevos se fue desarrollando a la largo de la segunda mitad del siglo XX, aunque tuvo su antecedente en 1911 con la edificación del llamado Barrio Obrero junto a la Plaza de Toros y dando fachadas al viejo camino Real o de San Agustín.
Por orden cronológico, se levantan los barrios de Salas Pombo (popularmente de Corea) junto a la vieja carretera de Albacete, el de Manuel Cánovas (o de la 103) al Oeste de la Plaza de Toros, el de Cirilo Cánovas (popularmente Barrio de Gila) situado en la parte Este, en la zona de las Higuerillas, el de la Torrecilla al Sudoeste, a la otra parte de la antigua Nacional III.
Al Norte y Sur de la Avenida del Arrabal se han ido produciendo ensanches quedando como límites las vías del ferrocarril al Norte y la antigua carretera Nacional III al Sur.
En la parte Este y más allá del Regajo de Reinas se diseñó en 1974 una urbanización residencial conocida como de “San José” y de finales del XX y principios del XXI el barrio de la Balsa Moros o de Amorós.
También en esta parte se edificó el Hospital Comarcal en 1992 en torno al cual existen nuevas urbanizaciones conocidas como Casablanca.
Partiendo de la calle Constitución y junto al Ambulatorio se trazó la avenida de Alfonso X que hoy llega hasta la Autovía y que ha de servir de eje para nuevas urbanizaciones en lo que fue la llamada Huerta de Honrrubia entre el Regajo de Reinas y el Barrio de Gila y Las Peñas.
En los ensanches del Oeste se construyeron diversos centros docentes, la piscina de verano, el polideportivo, la piscina cubierta y, fuera de la ciudad, más al Oeste, entre la antigua carretera Nacional III y el ferrocarril el Polígono Industrial del Romeral.
En la avenida de Alfonso X se encuentra el Ambulatorio, los Juzgados del Partido Judicial y el Instituto Oleana de 2ª Enseñanza.

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25) PUENTE DE JALANCE

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A pesar de que el vandalismo ha hecho mella en nuestro viejo puente sobre el río Magro, todavía conserva la belleza de su obra de cantería y la estructura de su última restauración, realizada en el siglo XVIII, aunque sabemos que existía con anterioridad al siglo XVI. En la década de los noventa del siglo XX desaparecieron su cruz, la imagen mutilada de la Virgen de la Soterraña, tallada en piedra, y algunas de sus bolas, también de piedra, que lo adornaban.
Sobre sus dos arcadas han pasado generaciones y generaciones de aldeanos del término que vivían en la margen derecha del río, para dirigirse a la ciudad, lo mismo que de ciudadanos que pasaban de la margen izquierda a cultivar sus tierras próximas o en dirección a las aldeas.
Pero la importancia del puente de Jalance no se basó solamente en intercomunicar a los habitantes de Requena y su término. Partiendo de este puente se bifurcaban tres caminos importantes que llevaban a otras comarcas y otros lugares más alejados con importante trasiego de arriería y comercio.
Una vez culminada la Serratilla se separaban a la izquierda el camino viejo de Hortunas o de La Ribera, que siguiendo o separándose un poco del cauce del río Magro, pasaba a la Hoya de Buñol por los pueblos de Yátova, Macastre y Alborache para llegar a la Vall dels Alcalans a través de Turís y desde Montroi y Real de Montroi entraba en el Marquesat, pasando por Llombai en dirección a Carlet y L’Alcúdia, Algemesí y Alzira, en plena Ribera del Júcar.
El camino que seguía recto hacia el Sur era el de Alicante, también llamado de Cofrentes o de Jalance, porque pasaba por estas villas del Valle de Ayora. Claramente deducimos porqué se llama de Jalance a este puente de Requena. Seguía el camino por Jarafuel, Teresa y Ayora en dirección a Almansa, Villena, Elda, Novelda… hasta llegar a la ciudad portuaria de Alicante.
Del camino de Alicante se desviaba otro camino a la derecha en dirección a Alcalá del Júcar y La Mancha, pasando cerca de Campo Arcís. Por las Casas de Caballero, cruzaba el Cabriel, entrando por Casas de Ves, para llegar a Alcalá.
Con los trazados de las carreteras de Requena a Albacete y a Almansa a finales del siglo XIX y principios del XX se construyó un nuevo puente en El Pontón, quedando el de Jalance para uso comarcal, hasta que en la década de los 80 del siglo XX se levantó un nuevo puente de Jalance sobre el Magro, aguas abajo del antiguo, pero muy próximo a él. Este hecho dejó completamente sin uso a nuestro entrañable puente viejo de Jalance que goza de su merecido descanso.

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26) LA VIDA RURAL

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Hasta el siglo XVIII la población rural del actual término de Requena no fue abundante, pues la mayoría del territorio estuvo dedicado a dehesas de pastoreo, en las que existían casas dispersas.
En los alrededores de estas casas se fueron abriendo terrenos de cultivo, dedicados a cereal o al regadío, en donde era posible, y se fueron creando las llamadas “labores”, latifundios de mayor o menor extensión, pertenecientes a familias urbanas acomodadas y en las que trabajaban jornaleros o renteros.
A partir del siglo XVIII, con el crecimiento de la población se va ampliando el terreno cultivado y van formándose las actuales aldeas con población concentrada y abundantes casas dispersas de labor y pequeños caseríos.
Desde el siglo XIX, tras las desamortizaciones, y sobre todo con la masiva plantación de vid, en la segunda mitad de esa centuria, el crecimiento poblacional de las aldeas fue vertiginoso hasta mediados del siglo XX. En esta época la ciudad contaba con unos 8.500 habitantes y la población rural alcanzaba los 12.000.
Pero, el éxodo rural que se inicia en la segunda mitad del siglo XX ha ido vaciando caseríos y casas de labor, algunas aldeas y menguando otras. Actualmente la población urbana ha crecido, sobrepasando los 16.000 habitantes en la ciudad y la rural ha menguado, existiendo en las 25 pedanías poco más de 4.000 habitantes, contando que en San Antonio se concentran casi 2.000.
Los habitantes del espacio rural requenense se han dedicado a la agricultura de secano mayoritariamente pasando de los cereales a la vid para convertirse éste en monocultivo. Hay que añadir una parte dedicada a olivos y almendros, habiéndose desterrado el cultivo del cereal prácticamente en la actualidad.
Las huertas que fueron muy estimadas por la producción de hortalizas, cereales, forrajes y leguminosas, están hoy abandonadas por la escasa rentabilidad.
Complemento de la producción agrícola fue la ganadería de ovejas y cabras y la apicultura que desde siglos practicó la trashumancia a la Sierra de Cuenca en verano y a comarcas valencianas más cálidas en invierno.
Importante fue el aprovechamiento del monte en aldeas situadas entre pinares, hasta que se inició el éxodo rural. Hacheros, leñateros, tornilleros y carboneros tenían limpios nuestros montes y ganaban, duramente con ello, su jornal.
Dentro de los dedicados a la agricultura existieron diferentes escalas entre las que cabe destacar los labradores hacendados con sirvientes permanentes y jornaleros a temporadas. Labradores de mediana propiedad que contrataban jornaleros temporeros. Labradores de pequeña propiedad que aumentaban sus rentas con la apicultura. Renteros que vivían en labores y pagaban a los amos su correspondiente rento en especie y los jornaleros que podían ser permanentes en una labor o con un hacendado y los jornaleros temporeros que trabajaban en recolecciones y en el tiempo libre en el aprovechamiento del monte.
Los pastores podían ser propietarios, contratados en una labor o en casas de hacendados.

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27) CASERÍO DE SISTERNAS

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Hablar de Sisternas y de las Pilillas es hablar de arqueología en la Partida de la Casa de Lázaro, una de las doce partidas rurales que componían el amplio término de Requena de más de 800 km2, el más extenso de la Comunidad Valenciana.
El Caserío de Sisternas es uno de los muchos que, entre las aldeas, salpicaban los campos de cultivo del término. Perteneció y pertenece a la familia conocida en Requena como Los Cabilderos. La particularidad de éste es que está conservado y no en ruinas y dedicado a museo de la vida rural.
La iniciativa de este proyecto se debe al Cabildero Miguel García, quien durante años se dedicó a recoger y conservar todo tipo de herramientas, enseres, maquinaria y objetos relacionados con la vida rural, bien pertenecientes a su familia o a otras familias del término. Entre las piezas existen las de elaboración doméstica, artesana o de fabricación industrial, sumando una enorme cantidad que se distribuyen en los espacios habitables, las bodegas, almacenes, cuadras, corrales, ocupando cada uno su lugar original.
Se trata de una ingente cantidad de piezas que se utilizaron en la vida rural agraria de los siglos XIX y XX que, por haber dejado de cumplir su función, pertenecen a esa arqueología doméstica, artesana o industrial de nuestros antepasados más cercanos.
La esposa de Miguel y su hijo Juan Andrés continúan mimando el caserío de Sisternas con su función como museo, manteniendo además la tradición familiar de elaboración de buenos vinos.
En relación con el vino y no muy lejos de Sisternas encontramos las Pilillas que corresponden a una arqueología mucho más antigua, datada sobre el siglo V antes de Cristo.
Estas Pilillas se encuentran en las zonas donde empiezan a encajonarse las ramblas de los Morenos y de la Alcantarilla, en dirección al río Cabriel y en las proximidades de la aldea de Los Duques.
Las Pilillas son unos lagares o jaraices para pisar uva, que están tallados sobre rocas y que corresponden a la cultura ibérica comarcana.
Cada pililla consta de una pila grande para el pisado en la parte más elevada, y otra situada en la parte más baja, de menor tamaño y algo más profunda, a la que caía el mosto de lo pisado en la grande, a través de sus correspondientes orificios.
La datación ha sido posible por los resultados de las excavaciones que se están llevando a cabo en torno a estas pilillas en las que aparecen fragmentos de ánforas vinarias de la misma tipología que las halladas en los alfares excavados en el paraje de las Casillas del Cura, en término de Venta del Moro. Estos alfares son ibéricos y sus ánforas imitan a las de tipo fenicio de la época.

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28) LAS PILILLAS Y LA RAMBLA DE LOS MORENOS

29) P.N.. DE LAS HOCES DEL CABRIEL Y MANANTIAL DE FUENTE PODRIDA

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El Parque Natural de las Hoces del Cabriel, tiene como columna vertebral el río Cabriel. La calidad de sus aguas y la baja presión demográfica han hecho de este espacio una reserva de enorme valor ecológico con valores culturales asociados al medio rural.
Su situación orográfica que daba acceso desde la meseta a la costa y posteriormente de bisagra entre los reinos de Castilla y Valencia ha enriquecido sobremanera la cultura de esta zona, por la que muchos pueblos han ido dejando su aportación en forma de cultura y el propio carácter de las gentes.
El río Cabriel ha escavado su cauce en la roca caliza creando un recorrido sinuoso en el valle y afiladas agujas en las crestas. Los espacios de bosque de ribera son sin duda los más valiosos de la Comunidad Valenciana, con chopos, tamarits y sauces, y asociados a estas especies los juncos, cañas y carrizo que son abrigo natural para gran variedad de aves. Fuera de la zona de ribera, el bosque es el característico mediterráneo con plantas aromáticas: enebros, sabinas, pinos, retamas entre otras.
Entre la fauna destacan las rapaces que forman la colonia más importante de la Comunidad, con águilas perdiceras, búhos chicos y águilas reales, y otras especies como nutrias, gallipatos, sapillos pintojos, galápagos leprosos, salamanquesas rosadas, comadrejas y cabras montesas.
Las aguas del balneario de Fuentepodrida fueron declaradas de utilidad pública en 1871. Sus propiedades son sulfuradas cálcicas lo que las hace favorables a los tratamientos de la piel y respiratorios. En la actualidad el balneario cuenta con un hotel y una amplia zona de recreo

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30) CASAS DEL RÍO

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Tras el decreto de expulsión de los moriscos en 1609 el valle de Casas del Río quedó despoblado, al tener que abandonarlo los moriscos que residían allí, en un pequeño poblado.
Poco más de un siglo después. en 1720, dos hermanos procedentes de Jalance se establecieron aquí y dieron origen a la actual aldea que basó su economía en el cultivo de huertas regadas con las limpias aguas del río Cabriel, siendo las oliveras el plantío más generalizado en los campos de secano.
El crecimiento de la aldea llevó consigo la construcción de una ermita para la celebración de misa dominical y evitar que los vecinos tuvieran que trasladarse a Cofrentes para cumplir con este precepto cristiano.
La aldea se constituyó en dos poblados separados por el Cabriel, quedando la ermita en el del lado derecho del río.
Con el aumento de población en el siglo XIX hubo necesidad de construir una iglesia parroquial de mayores proporciones, en la que se celebró la primera misa en 1880, dotándola de un sacerdote residente y como filial de la parroquia matriz de Cofrentes, municipio y parroquia a que perteneció Casas del Río hasta 1874 en que pidió la anexión al municipio de Requena y la segregación de Cofrentes.
En 1890 Casas del Río contaba con unos 450 habitantes, 380 tahullas de huerta, 2 molinos de dos piedras cada uno, tres hornos de pan cocer, dos tiendas de comestibles, un estanco, un párroco con casa abadía y una escuela de niños.
En 1950 alcanzó su cifra máxima de población con 638 habitantes, produciéndose a partir de 1960 una alarmante despoblación que ha reducido los residentes permanentes a un escaso número de personas.
Hoy Casas del Río es un lugar adecuado para vacaciones estivales, por sumar diferentes atractivos singulares: En 1996 se construyó un pequeño hotel a cargo de la Generalitat Valenciana, dentro del programa de desarrollo turístico de zonas interiores y hoy propiedad del Ayuntamiento de Requena. El propio río Cabriel, con aguas limpias, sin ninguna contaminación, que permite el baño y los deportes acuáticos. Pero lo más singular es, sin duda, la llamada rueda o noria que, por medio de un azud, extrae el agua del río elevándola varios metros para poder regar las huertas situadas a la parte izquierda del Cabriel, en el paraje conocido como Rinconada de Muñoz.
La noria, con sus necesarias restauraciones, data de la época de la fundación de la aldea a principios del siglo XVIII y, junto con el azud, el molino y el lavadero, conforma uno de los más interesantes conjuntos hidráulicos tradicionales conservados en la comarca.
Una anécdota que se cuenta en Casas del Río cuando pertenecía a Cofrentes es que, en el siglo XIX, antes de la anexión a Requena, pusieron en Cofrentes un reloj público que fue costeado por el conjunto de vecinos del término cofrentino. Por ello se decía: quienes vivían en Cofrentes oían las horas y los de Casas del Río sentían los cuartos, es decir, les dolía el dinero que pagaron para no tener provecho del citado reloj público.

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